Una decisión judicial permitió que una niña viajara desde Arauca hasta Bucaramanga para continuar su tratamiento sin que la falta de dinero decidiera por su salud
Por Paula Daniela Guillot
Abogada, EFICAZ LAW

Mariangel y su camino hacia el tratamiento que necesitaba
Mariangel vivía en Arauca, Arauca, pero el tratamiento que necesitaba para mejorar su salud debía realizarse en Bucaramanga. Tenía apenas once años y su vida no era la de cualquier niña de su edad, pues sufría de asma alérgica, rinitis alérgica y reacciones frente a múltiples factores que podían afectar seriamente su respiración y su bienestar. Mientras otros niños podían desarrollar su rutina con normalidad, ella debía aprender a convivir con síntomas, controles, cuidados especiales y un tratamiento que exigía viajar a otra ciudad para recibir una vacuna, permanecer allí mientras los médicos observaban cómo reaccionaba su cuerpo y, posteriormente, asistir a una nueva valoración antes de regresar a casa.
Ese proceso podía obligarla a permanecer hasta cinco días fuera de su hogar y repetirse de manera periódica, aproximadamente una vez al mes. Para su mamá, Ana, el problema no era únicamente emocional, también era económico; cada desplazamiento implicaba pagar los pasajes de las dos, hospedarse durante varios días, alimentarse fuera de casa y asumir los transportes internos necesarios para llegar al aeropuerto, a las consultas y a los lugares donde Mariangel recibía la atención médica. Ni Mariangel ni su madre contaban con los recursos suficientes para sostener de manera continua ese gasto.
CUANDO EL TRATAMIENTO EMPEZABA CON UNA CUENTA IMPOSIBLE DE PAGAR
Viajar desde Arauca hasta Bucaramanga puede ser costoso. En ese momento, un tiquete aéreo podía rondar aproximadamente los quinientos mil pesos por trayecto; como Mariangel era menor de edad y necesitaba viajar acompañada por su mamá, cada viaje significaba comprar cuatro trayectos aéreos entre ida y regreso para ambas, de modo que solamente en pasajes la familia podía acercarse a los dos millones de pesos. A ese valor debía sumarse el hospedaje, que podía rondar los doscientos mil pesos por noche, además de la alimentación diaria y los transportes internos.
En términos prácticos, cada ciclo de tratamiento podía acercarse a los tres millones de pesos. Si el desplazamiento debía repetirse aproximadamente una vez al mes, el gasto anual podía superar los treinta millones de pesos y, en algunos escenarios, acercarse a los treinta y seis millones. Estas cifras son aproximadas y podían variar según las tarifas del momento; sin embargo, permiten entender con claridad la dimensión del problema, porque para esta familia continuar el tratamiento de Mariangel podía significar asumir una carga económica imposible de sostener.
La salud de una niña no podía depender de que su mamá lograra reunir varios millones de pesos cada mes. Una autorización médica en Bucaramanga servía de poco si la paciente estaba en Arauca y no tenía cómo llegar; por eso este caso no era una discusión sobre comodidad ni sobre elegir un medio de transporte más agradable, sino sobre acceso real a la salud, continuidad del tratamiento y dignidad.
POR ESO ACUDIMOS A LA ACCIÓN DE TUTELA
Desde EFICAZ LAW analizamos el caso y decidimos acudir a la acción constitucional. La solicitud buscaba que la EPS asumiera los gastos necesarios para que Mariangel pudiera continuar su tratamiento sin trasladar a su familia una carga económica que no estaba en condiciones de soportar; se pidió el cubrimiento del transporte, incluidos los desplazamientos aéreos que resultaban necesarios para ella, así como el alojamiento, la alimentación y los transportes internos durante su permanencia en Bucaramanga.
La acción llegó al Juzgado Segundo Penal Municipal de Arauca. El despacho entendió que la situación económica de la familia podía convertirse en una barrera efectiva para acceder a los servicios médicos y reconoció que Mariangel debía recibir la atención ordenada de manera oportuna, continua y eficaz. El fallo protegió sus derechos fundamentales a la vida, la integridad personal, la salud, la vida digna y el mínimo vital; además, ordenó a la EPS garantizar los servicios complementarios necesarios para sus remisiones, entre ellos el transporte según la prescripción médica, el transporte urbano, el alojamiento y la alimentación.
La sentencia significó un cambio real. En cumplimiento de esa protección, se logró que los desplazamientos de Mariangel se realizaran en avión y que su mamá pudiera acompañarla, mientras la EPS asumía también los gastos de hospedaje, alimentación y transporte necesarios durante el proceso. Lo que antes representaba una preocupación cercana a tres millones de pesos por cada tratamiento dejó de ser una carga que Ana tuviera que enfrentar sola.
UNA SENTENCIA QUE SE CONVIRTIÓ EN SALUD
Hay decisiones judiciales cuyo efecto puede leerse en un expediente y otras cuyo efecto puede verse en la vida cotidiana. En este caso, la sentencia se convirtió en un pasaje de avión, en una habitación donde descansar durante los días de observación, en alimentos para una madre y su hija, en un transporte hasta la consulta y, sobre todo, en la posibilidad de que Mariangel recibiera su tratamiento con continuidad.
Con el paso del tiempo, la salud de Mariangel mejoró. Ana también pudo vivir este proceso con mayor tranquilidad, porque su preocupación principal dejó de ser cómo conseguir el dinero para el siguiente viaje y pudo concentrarse en lo que realmente importaba: acompañar a su hija, observar su evolución, escuchar a los médicos y ayudarla a sentirse mejor; para una mamá, esa tranquilidad también tiene un valor enorme.
CONCLUSIÓN
Por eso la imagen de Mariangel caminando con su mochila hacia un avión tiene para nosotros un significado especial. No era un viaje de vacaciones, ni un privilegio, ni un lujo; al otro lado de ese vuelo estaba una vacuna, una valoración médica y la esperanza de mejorar su calidad de vida. La historia de Mariangel demuestra que una decisión judicial puede cambiar mucho más que un expediente, porque puede devolverle tranquilidad a una madre, continuidad a un tratamiento y esperanza a una niña. Eso fue lo que ocurrió aquí: la tutela permitió que la falta de dinero dejara de decidir hasta dónde podía llegar Mariangel para cuidar su salud.
MARIANGEL SÍ TENÍA DERECHO A VOLAR
CUANDO LA EPS PONE BARRERAS, EL DERECHO PUEDE ABRIR EL CAMINO
El caso de Mariangel demuestra que el derecho a la salud no termina cuando una EPS entrega una autorización. El derecho se hace efectivo cuando el paciente puede llegar al tratamiento, recibirlo y continuarlo sin que las barreras administrativas o económicas conviertan una orden médica en algo imposible de cumplir. Cada situación debe ser estudiada de manera individual, pero una persona no debería resignarse a perder una cita, un procedimiento o un tratamiento simplemente porque no tiene los recursos para asumir cargas que, según las circunstancias del caso, pueden corresponder al sistema de salud.
Si su EPS le está negando medicamentos, tratamientos, exámenes, procedimientos o servicios necesarios, si le autoriza atención en otra ciudad pero usted no cuenta con los recursos para desplazarse, o si las demoras y trámites están afectando seriamente su atención, puede escribirnos. En EFICAZ LAW revisamos cada caso para determinar si la acción de tutela es el mecanismo adecuado para hacer valer el derecho fundamental a la salud; no se trata de pedir favores, sino de exigir que los derechos reconocidos por la Constitución puedan cumplirse en la vida real.
UN RECONOCIMIENTO A QUIENES ADMINISTRAN JUSTICIA
Desde EFICAZ LAW queremos expresar un reconocimiento especial a la doctora Dania Manuela Granados Salamanca, Juez del Juzgado Segundo Penal Municipal de Arauca, quien profirió la decisión que protegió los derechos fundamentales de Mariangel. También extendemos nuestro agradecimiento al despacho judicial y, en general, a los jueces, funcionarios y servidores de la Rama Judicial de Colombia que todos los días reciben expedientes detrás de los cuales existen personas esperando una respuesta que puede cambiar su vida.
A veces una sentencia significa obtener un medicamento; en otras ocasiones significa acceder a una cirugía, continuar estudiando o proteger a una familia. En la historia de Mariangel significó algo tan concreto y tan humano como poder subir a un avión para continuar un tratamiento médico. Gracias a quienes ejercen la función judicial con la conciencia de que administrar justicia también es servir a los ciudadanos y hacer efectivos sus derechos.
Por respeto a la intimidad de Mariangel y de su familia, en esta publicación se utiliza únicamente su primer nombre y el primer nombre de su madre, Ana. Los demás datos personales han sido ocultados en los documentos que acompañan esta historia.
